miércoles 28 de julio de 2010

[Anima] La noche más negra 1º Parte

1º Parte de la breve historia basada en el mundo de Anima

Caía una leve neblina al ponerse el sol, lentamente los sonidos del bosque cambiaban hacia los silenciosos tonos nocturnos de animales que abandonan sus madrigueras al amparo de la noche y de los depredadores acechando como mantos oscuros de muerte, pero esa noche era distinta, había un sonido nuevo, un sonido de depredadores, de los más crueles que la naturaleza ha conocido, cazan a sus iguales y a extraños por igual, son hombres, soldados al servicio de su bien superior, buscan destruir la impureza que ellos mismos señalan como tal.

Cubierto con una capa negra de la cabeza a los pies acaricia un crucifijo de oro delicadamente tallado mientras espera recibir noticias de los exploradores que se han avanzado, debajo de la capa resplandece tenuemente una armadura dorada a la luz de la luna, su nombre es Oratio du Van y comanda una quincena de hombres al servicio de su santidad para purificar a los infieles.

Un hombre sale de manera apresurada entre unos matorrales a la derecha de Oratio, este de manera instintiva echa su mano derecha a la elaborada empuñadura de su espada, pero al reconocer a su explorador detiene el movimiento y termina el movimiento para encararlo esperando no dar la sensación de que ha sido sobresaltado por la repentina aparición de su subordinado.

“Informa Marcus” – Se refirió al enjuto explorador con un susurro que bien habría podido pasar desapercibido en la noche si no se le presta atención.

“Mi señor, es un asentamiento, aproximadamente unas cincuenta personas contando mujeres y niños, no parecen especialmente armados” – concluyo su breve informe esperando que su señor preguntara lo que necesitara saber.

“¿Está el demonio con ellos?” – Sus ojos se clavaron en las luces que había un poco más debajo de la loma donde se encontraban.

“Así es mi señor, he podido ver a esa criatura entre los lugareños, compartiendo su comida, ¿Qué haremos mi señor, no la entregarán voluntariamente? – La pregunta salió instantes antes de darse cuenta de su error.

Oratio clavo sus ojos en Marcus –“¿Que que haremos?, si dan cobijo a ese demonio son tan culpables como él, todos son herejes y deberán ser purificadas sus almas” – sin mediar palabra se giró y comenzó a caminar en dirección a donde se encontraban el resto de sus tropas.

Marcus dirigió una última mirada al asentamiento antes de seguir a su señor – “Esto será una carnicería” – dijo en voz baja, mas para sus adentros que hacia el mundo exterior.

En el pueblo la noche era apacible, todo el mundo estaba reunido en la zona común disfrutando alegremente de una agradable cena, amenizada con canciones de algunos afortunados de prodigiosa voz y de las batallas de los más viejos del lugar, nada podría distinguir el pequeño pueblo de cualquier otro de la zona, salvo un pequeño detalle, en una de las mesas se sentaba una mujer de oscura piel, orejas estilizadas y penetrantes ojos rojos que la delataban como algo que no era humano, en sus brazos acunaba a una cría de sus mismos rasgos mientras una de las mujeres que estaban a su lado le servía un poco más de vino en la copa. Se trata de Arath, una mujer perteneciente a los Duk’Zarist y de su hijo Zelen, poco saben los del pueblo sobre su pasado, llego embarazada y mal herida hace año y medio a los límites del pueblo, curaron sus heridas y le dieron un cobijo donde pasar un tiempo, pero esta extraña que solo estaba de paso se ha convertido por derecho en un miembro más del pueblo. Los canticos y las risas prosiguieron hasta bien entrada la noche que poco a poco se fue retirando cada cual a su morada.

Como el halcón que mira a una presa desprotegida Oratio vio como poco a poco las luces del pueblo iban apagándose, sobre su montura esperaba el momento de cobrarse su presa, incluso su caballo notaba el nerviosismo y estaba inquieto.

“Mi señor, estamos preparados” – aseveró Marcus colocándose al lado de Oratio montura con montura.

El inquisidor se llevo la mano derecha al hombro y lo acarició levemente – “Ya es hora de saldar viejas deudas, avancemos en silencio quiero cogerlos por sorpresa sin opciones de huir”

Marcus levantó el brazo e hizo una señal a las tropas estas descendieron a caballo de manera ordenada y silenciosa como el presagio de una muerte.

Alma de fuego

“¿Bien hecho chaval?” – fueron las palabras que salieron de la boca de un sexagenario mientras una camilla se lo llevaba de camino al hospital.

En la esquina a la que se dirigían las palabras del anciano un joven esta recostado sobre una silla, tienen la cara cubierta de hollín y sangre, aunque permite ver una mezcla de agotamiento extremo y orgullo por las palabras. Ese joven soy yo, me llamo John Cristian, soy psicólogo criminalista y trabajo para la policía desde hace un par de años. El individuo que retiran en camilla es mi compañero y debéis saber algo, ese abuelo es duro de verdad, mucho más de lo que podía imaginarme, lleva en el cuerpo casi cuarenta años y todos ellos en las calles, según pude saber fue boxeador, y dicen que de los buenos, pero una noche un atraco en plena calle salió mal y recibió el disparo de una recortada en la pierna que frustro toda su carrera. Siempre lo he tenido como un viejo amargado cuya única vida es la policía, ni mujer, ni hijos, ni amigos, nada, yo iba a ser su sustituto en el cuerpo cuando se jubile y creo que por eso me odiaba, bueno no directamente a mí, sino a lo que representaba yo, era el final de su vida. Si he de ser sincero el día que se retire no lamentare quitarme de mi lado a un cabrón tan grande como persona, pero lamentare perder al policía, para que os hagáis una leve idea, mi primera semana en el cuerpo estábamos en persecución de un sospechoso de robo con asesinato, en uno de los cruces tuvimos la mala fortuna de tener un accidente con un camión que cruzaba, cuál fue mi sorpresa cuando instantes antes de impactar lo vi salir del coche en marcha y rodar por la carretera, cuando recuperé al instante siguiente la consciencia tras el impacto pude ver a ese viejo bastardo cojeando por el asfalto con la cabeza ensangrentada dirigirse hacia el coche del sospechoso, sacarlo y sin mediar palabra esposarlo a lo que quedaba de la puerta, le pregunte qué a que había venido esa estupidez y su respuesta me pareció más una reprimenda que una explicación – “No iba a permitir quedarme atrapado en el coche y no poder arrestarlo”.

Como ha llegado a estar tumbado en la camilla de una ambulancia, bueno aun no termino de creérmelo del todo pero todo comenzó al principio de la noche…

Cualquiera diría viendo el agua caer sobre el suelo que era un día poco típico de finales de un verano especialmente caluroso, si no fuera por el olor a humo y el lodo formado principalmente por ceniza húmeda que se adhería a los zapatos. Al levantar la cabeza podías ver al otro lado del cordón de seguridad como el cuerpo de bomberos se afanaba en terminar de extinguir los últimos restos del incendio que había calcinado un motel a las afueras de la ciudad.

“Solo ha habido un superviviente” – me comenta el jefe de bomberos mientras se retira la máscara de la cara - “Lo hemos encontrado desnudo cerca de la piscina” – tose un momento para aclarar su garganta – “parece que al ver las llamas salto desde el primer piso, debió perder el conocimiento al impactar con el agua. Ahora mismo se lo están llevando al hospital.” – Le hago un gesto de asentimiento mientras termino de anotar los datos en mi libreta. – “¿Qué ha provocado el incendio?” – El aire tan cargado apenas me deja hacer la pregunta. –“Aun no lo sabemos, pero parece intencionado, se inició en una de las habitaciones, en cuanto sepa más os lo haré saber” – Sin despedirse se vuelve a colocar la máscara y se dirige hacia donde los bomberos están trabajando.

No me fue difícil identificar una voz tan ronca – “¿Qué ha sucedido?” – era mi compañero, Michael Godson, caminaba con su inconfundible cojera apoyado en su bastón lacado en negro, pero a diferencia de en la mía en su cara no se mostraba el más mínimo atisbo de problemas para respirar –“No tengo toda la noche” – fue su siguiente frase para sacarme del ensimismamiento y comencé a balbucear las primeras palabras hasta que conseguí ordenar las ideas –“Según los bomberos han localizado a doce cuerpos y un superviviente, se lo han llevado al hospital, aunque parece que no tiene heridas de seriedad, por ahora barajan la posibilidad de que fuera provocado, quien sabe, igual intentaban estafar al seguro y les salió mal la jugada” – Michael hizo una leve mueca como sopesando mis conjeturas durante exactamente el tiempo que dura un parpadeo –“No adelantemos acontecimientos, ve al hospital y vigila a nuestro afortunado superviviente, en cuanto se despierte avísame” – sin darme opción a réplica levanto con su bastón el cordón policial y se dirigió hacia donde estaban los bomberos.

Me dirigí sin más dilaciones al hospital, salvo unas contusiones leves el superviviente permanecía inconsciente, pero sin ningún tipo de trauma grave y esperaban que se desertara en las próximas horas, sería una espera aburrida.

Para matar un poco el tiempo me introduje en la habitación cuando las enfermeras no me vieron, nuestro afortunado parecía un hombre tipo, aproximadamente un metro setenta y cinco u ochenta, unos setenta kilos de peso, pelo oscuro, piel muy blanca para esta época del año, pero nada sospechoso, ni tenía documentación ni marcas distintivas, salvo unas curiosas cicatrices antiguas en las muñecas que ya había visto antes en algunos pacientes que intentaban suicidarse. Pude oir un breve sonido, como un murmullo, me acerque más a él –“Me quema, me quema,…” - era lo que salía de su boca en un breve susurro, casi de improviso me agarro del cuello, abrió los ojos casi desorbitados – “Nos quemara a todos” – soltó en un grito, debo admitir que casi me meo encima del susto, retrocedió como pude y golpee la mesa donde estaba el instrumental de curas, Salí rápidamente de la habitación para buscar a una enfermera y llamar a mi compañero.

Michael no tardo ni cinco minutos, parecía que el viejo estaba siempre en el coche, cuando entro por la puerta del hospital nos dirigimos rápidamente a la habitación para proceder a interrogar sobre lo sucedido en el motel, le conté lo que había oído cuando entre en la habitación, omití el incidente del susto por orgullo personal. No me cruzó palabra, los golpes secos de bastón sobre el suelo del hospital resonaban conforme atravesábamos los pasillos casi a oscuras y desiertos, en esta época del año había poca gente en la ciudad y el hospital estaba casi vació.

En la última esquina oímos un grito de mujer, un fuerte fogonazo de llamas salió de la habitación y una persona, una enfermera, salió cubierta en llamas, cogí el extintor más cercano para apagarla mientras que Michael de un bastonazo la aparto de su camino en dirección a la puerta y la derribo justo delante de mí, apenas pude ver un segundo a través de la puerta como el viejo levanto casi como si no pesara nada el colchón de la cama y lo lanzo sobre el mostrador en llamas para apagarlas, la mayor parte de las llamas provocadas por el alcohol para desinfectar se extinguieron del impacto y de las demás dio buena cuenta a bastonazos. Pocos segundos después los médicos que estaban de guardia aparecieron e intentaron socorrer a la enfermera, pero no pudieron hacer nada por ella.

Entre en la habitación, me sentía un poco mareado por el olor a carne quemada y a productos desinfectantes, vi como Michael levantaba como si fuera un pelele al superviviente que se encontraba acurrucado en una esquina en posición fetal –“Demasiada casualidad, trece muertos en una noche, todos ellos quemados y tú en todas las escenas, vamos a tener una larga conversación en comisaría” – sin mediar palabra lo esposo y me lo lanzo –“Llévalo al coche, ahora voy yo” – en aquel preciso momento no tenía intención de replicar, aunque nunca discuto lo que me dice, era como intentar convencer a una piedra que de que fuera un pájaro.
Le habíamos conseguido un mono de mantenimiento de la comisaría, que se había puesto en los servicios nada más llegar, ante la protesta de Michael no me pareció especialmente digno tomarle la declaración con la bata del hospital.

Llevábamos ya cuatro horas en comisaría, siempre me ha molestado permanecer tanto tiempo en la sala de interrogatorios, es pequeña, sin ventilación y los años le han dado un olor a carroña, Michael dice que es el hedor de los criminales condensado. Me encontraba sentado en frente de nuestro sospechoso en una pequeña mesa, con una grabadora antigua registrando el interrogatorio con un siseo monótono al moverse la cinta, mi compañero estaba en un banco bajo cerca de la puerta, apenas había dicho nada durante estas cuatro horas, se limitaba a oír y mirar al suelo mientras hacía rebotar la punta de goma de su bastón repetidas veces, no sé si eso pondría nervioso al interrogado, pero a mí me estaba crispando los nervios.
Me recline un poco sobre la mesa –“Bien, Manuel Prios, tu ficha es muy interesante, criado en un orfanato, que curiosamente ardió cuando tenías ocho años, detenido en cuatro ocasiones por vandalismo relacionado con incendios, ¿debemos añadir a la lista el incendio de un motel y el asesinato de trece personas esta noche, incluida la enfermera del hospital?” – hice una pequeña pausa para volver a comprobar su reacción, estaba como ido

“No fui yo, se lo juro, en el motel escuche gritos, abrí la puerta de mi habitación y lo vi”- dijo con los ojos desencajados

“¿Qué viste? – indague

“A él, el hombre en llamas, me persigue desde pequeño, quiere apoderarse de mi alma y quemar mi carne y la de todo el mundo”- balbuceó entre sollozos.

“¿Y cómo lograste salir de tu habitación si dices que lo viste fuera?” – me volví a recostar sobre la silla, la espalda me estaba matando.

“No lo sé” – fue su única respuesta.

“En el hospital, ¿cómo lograste incendiar al habitación y quemar a la enfermera?, había alcohol y otros productos que podían ser inflamables, pero estabas desnudo cuando llegaste, ¿cómo prendiste fuego?” – esperaba otra respuesta sin sentido, otro balbuceo incoherente, pero lo que oí me helo la sangre, incluso Michael dejo de golpear el suelo con el bastón al oírlo.

Me clavo directamente los ojos - “El hombre en llamas provee” – La voz me pareció completamente distinta, la expresión de su cara fue durante un segundo la viva imagen de la locura.

El viejo se puso en pie abandonó la sala de interrogatorios, yo le seguí cerrando la puerta tras de mí.

Una vez fuera eche mano al paquete de tabaco, la noche había sido larga y complicada por decir poco y tenia los nervios destrozados, pero al ir a llevármelo a la boca la inquisitiva mirada de Michael me hizo cambiar de idea, no le gustaba que se fumara dentro de la comisaría, así que me coloque el cigarrillo en la oreja para cuando estuviese fuera.

“¿Qué te parece?” – fue lo único que salió de los labios del viejo policía mientras miraba por el cristal.

Francamente, en aquel momento intente lucirme – “Clínicamente diría que padece un trastorno de doble personalidad y que se refleja en la figura de ese ‘Hombre en llamas’, debería de ser ingresado en alguna institución psiquiátrica”.

“Eso tendrá que decidirlo el juez, pero un criminal debería pudrirse en la cárcel y no pasar una temporada en un balneario para relajarse” – un comentario de lo más despectivo hacia mi profesión que me obligo a morderme la lengua. Hizo una seña al guardia – “Llevémoslo a la celda, está implicado claramente en los hecho y por descontado no voy a dejar que ese desequilibrado este en la calle” – sin esperar replica como de costumbre siguió al policía de uniforme al interior de la habitación de interrogatorios.

El policía de uniforme condujo al Sr. Prios por los pasillos de la comisaría en dirección a las celdas, nosotros le seguíamos, no porque fuera necesario, creo que era más por el hecho de verlo encerrado y poder dar por concluida la larga noche. Si mal me sentía en la sala de interrogatorios peor en las celdas, era diez veces peor aquel lugar. El policía introdujo la llave en la cerradura de la celda y la giro haciendo sonar un fuerte chasquido al abrirse. En aquel momento las cosas se volvieron confusas, caóticas.

“Lo siento” – oí salir de los labios de Manuel, para a continuación quedar cegado por un fogonazo y sentir un intenso calor, al cubrirme con el brazo y mirar instintivamente al suelo puede ver el cuerpo del policía rodando por el suelo, con parte de su uniforme y el pelo en llamas, giré la cabeza para poder centrarme en lo que estaba ocurriendo, vi como Michael blandía su bastón como arma ofensiva, igual que lo había visto infinidad de veces, yo apenas había conseguido recuperarme y el ya estaba encarando a lo que fuera que había pasado, giré un poco más la cabeza y lo pude ver.

“El hombre en llamas” – salió a duras penas de mi garganta, aunque creo que nadie pudo oírlo, nuestro sospechoso estaba ardiendo, completamente envuelto en llamas, no alcanzo a imaginar el dolor que debe ser estar completamente cubierto de fuego, pero mucho menos alcanzo a entender cómo podía reaccionar de manera consciente y organizada, sin vacilar agarro la puerta y la abrió de golpe propinando un duro impacto a mi compañero en la cabeza y derribándolo en el suelo, pude ver su bastón rodando por el suelo y él ir desplomándose envuelto en sangre, la peste tóxica que desprendían las llamas me irritaba los ojos y apenas me dejaba respirar pero creí ver el rostro de un maniaco envuelto en llamas, se reía pero sin emitir sonido alguno salvo el molesto crepitar de las llamas. Mas por instinto de supervivencia que por que lo planeara saque mi revolver del 38 y justo cuando iba a caer sobre mí conseguí asestarle dos tiros en el pecho, se detuvo y pude retroceder unos pasos, miró las heridas como sorprendido, pero reanudo su avance, le vacié las restantes cuatro balas, una falle pero otras dos se le alojaron en el pecho y una última en la garganta y se desplomo en el suelo. Tras unos segundos para centrar mi cabeza, que me parecieron horas, el pánico me volvió a dejar moverme y pensar con cierta claridad, agarre el extintor cercano a la puerta y apague las llamas, en ese momento se me vino a la cabeza que era la segunda vez que usaba en mi vida un extintor, y las dos veces esa noche y para apagar dos cadáveres, no pude contenerlo y se me escapo una breve risa nerviosa.

Me agache y comprobé que el policía estaba bien, aturdido pero ileso salvo por algunas quemaduras. Me acerque corriendo a Michael, el muy cabrón se estaba intentando incorporar, me pregunto de que tendría hecha la cabeza, si me hubiera golpeado a mi así ahora mismo sería un cadáver, mire la herida, parecía fea incluso me pareció ver que su cráneo asomaba entre la sangre que manaba.

“¿Qué fue eso, el tipo estallo en llamas, y nos intento matar?” – Las palabras salieron rápidamente de mi boca, debido al nerviosismo y a la adrenalina que corría por mis venas en ese momento, apenas conseguí entenderme.

“Y ahora me dirás que crees en las brujas y que esto es obra de Satanás, se haría con algún producto de limpieza inflamable cuando estuvo cambiándose en los lavabos, estoy demasiado dolorido como para andar con conjeturas a lo Holliwood” – se volvió a intentar incorporar pero no podía, miro con una cara al cadáver humeante que si no lo conociera diría que era miedo – “Bueno ya que le gustaba tanto el fuego tiene el final que se merece” – concluyo y desistió de levantarse.

Los compañeros de comisaría no tardaron en aparecer trayendo un par de camillas para llevarse a los heridos, yo me recosté en la silla que usaban para vigilar las celdas, la sala entera olía mal y el polvo del extintor no ayudaba a mejorarlo pero no podía más con mi alma.

“¿Bien hecho chaval?” – me dijo Michael mientras lo sacaban en camilla.
Muertos, incendios y locos que estallan en llamas, la noche había sido para hacer a cualquiera perder el juicio, en aquel momento me di cuenta que aun no había soltado la pistola, la volví a enfundar con las manos temblorosas y recordé el cigarrillo de mi oreja y lo cogí.

“Creo que me lo he ganado” – dije a una habitación vacía, como de un acto reflejo que me lleno de gran miedo volví a mirar los ojos del cadáver humeante que me observaban desde sus cuencas ennegrecidas igual que lo hicieran en la sala de interrogatorio y sus dientes expuestos parecían una mueca burlona – “Joder” – fue la expresión que salió de mi boca al buscar mi mechero en los bolsillos, pero no apareció.